Si para un matrimonio tradicional de inmigrantes es una tragedia cuando uno de los dos es indocumentado y es deportado, al menos existe la posibilidad de que el otro haga una reclamación legal que permita eventualmente la reunión. Para las parejas del mismo sexo que sufren por la misma razón, el problema es doble, pues encima de la dolorosa separación tienen que enfrentarse a su invisibilidad ante la ley.
De ahí que el tema sea tabú en muchas esferas; de ahí tal vez que fuera tomado en cuenta en el reciente debate de la reforma inmigratoria, y todo indica que permanecerá en la sombra y en silencio por varios años más. Ni siquiera las organizaciones proinmigrantes nacionales más respetadas quisieron hablar del asunto con El Nuevo Herald. Simplemente señalaron: “No tenemos comentario”.

boda gay


”Es cierto que este tema es tabú y la gente en general no sabe nada. La misma prensa no habla sobre el asunto porque confunde los beneficios inmigratorios con matrimonio y no es así”, explicó Ally Bolour, un abogado de la Asociación Americana de Abogados de Inmigración (AILA).
Esto deja en la sombra a miles de parejas del mismo sexo que son forzadas a escoger entre el desarraigo o, en el peor de los casos, que la parte indocumentada tenga que estar en la clandestinidad para evitar la expulsión del país.
”Como el tema de la reforma inmigratoria es muy político, hubo miedo de hablar sobre los beneficios para parejas del mismo sexo”, señaló el profesor Arthur Leonard, de la Escuela de Leyes de Nueva York, uno de los abogados con más experiencia en litigaciones de discriminación por orientación sexual en Estados Unidos.
Según Leonard, la ”barrera conceptual” más grande la estableció la Ley de Defensa Matrimonial, en 1996, la cual obligó al gobierno federal a rechazar públicamente todo reconocimiento legal para las parejas del mismo sexo.
El letrado explicó que los beneficios inmigratorios son un asunto más bien de ”justicia” que de derecho matrimonial.
Actualmente existe en el Congreso el proyecto de Ley para Unir Familias Americanas (UAFA) que enmendaría la ley de Inmigración y Nacionalidad (INA) al simplemente añadir la palabra ”pareja o compañero permanente” en las secciones donde aparece la palabra “esposo (a)”.
La UAFA la patrocinan dos demócratas, el representante Jerry Nadler, de Nueva York, y el senador Patrick Leahy, de Vermont.
El proyecto de ley no se incluyó en el reciente debate migratorio porque ”no ayudaba a la aprobación de las otras reformas”, señaló Adam Francoeur, un portavoz de Immigration Equality, la organización que más ha abogado por la aprobación de la UAFA en el Congreso.
De recibir luz verde la medida, que ha estado engavetada por siete años, las parejas del mismo sexo pasarían por el mismo proceso riguroso que pasan los matrimonios heterosexuales. Además, tendrían que demostrar que la unión es “un compromiso de por vida”.
”No estamos pidiendo que legalicen el matrimonio entre parejas gays o lesbianas. Sólo queremos justicia y obtener beneficios inmigratorios como cualquier otra persona en el país”, dijo ”Paola”, una puertorriqueña que ha estado separada por meses de ”Celeste”, su compañera de 25 años, a quien le negaron una visa de estudiante. Ambas mujeres prefirieron usar nombres ficticios.
Después de estar viajando como turista a Miami, por dos años y medio, la embajada norteamericana en Argentina le negó la entrada a “Celeste”.
Desde entonces ambas están separadas y aunque ”Paola” es ciudadana norteamericana no puede beneficiar legalmente a su compañera. ”Siento mucha impotencia… Mi pareja nunca quiso quedarse ilegal y ahora estamos separadas”, manifestó ”Paola” visiblemente afectada.
Para verse y estar juntas, la pareja tuvo que viajar a Canadá. Incluso ”Paola” está pensando radicarse en ese país y sacrificar el floreciente negocio que hace 10 años inició en la industria del entretenimiento para “vivir tranquilamente con Celeste”.
La mayor decepción de ”Paola” es tener que abandonar su propio país para poder tener una vida en pareja. ”¿Por qué tengo que desarraigarme?”, inquirió retóricamente.
Otra pareja, que prefirió no dar sus apellidos, vive bajo el constante temor de la deportación. El indocumentado, Miguel, está prácticamente ”recluido y prisionero” en el apartamento que comparte con David, con quien lleva una relación desde hace ocho años.
Ninguno de los dos viaja fuera de Miami, y Miguel no trabaja, no maneja y no sale a la calle por miedo a que lo deporten.
”Tengo constantes pesadillas en las que me detienen y me deportan. Vivo con esa angustia permanente”, dijo Miguel.
David, por su parte, no quiere que su pareja se arriesgue y lo obliguen a salir del país. ”Si esto ocurriera, no tendría más remedio que ir a Argentina, aprender a hablar español y perder una carrera de 20 años como maestro”, expresó.
Para la Alianza Gay y Lésbica contra la Difamación (GLAAD), una organización nacional de derechos humanos, no hay diferencia entre el ”sufrimiento” de la comunidad indocumentada heterosexual y el que experimentan las parejas del mismo sexo. ”Ambas viven atemorizadas por la deportación y luchan para que se les reconozca sus derechos. Pero las parejas homosexuales han estado excluidas de la reforma inmigratoria”, indicó la portavoz Hunter Aldrich.

Fuente: elnuevoherald.com