Los dos se llaman Alberto y trabajan en la base aérea de Morón de la Frontera, en Sevilla. Han decidido casarse en la capital hispalense el próximo mes de septiembre, con lo que se convertirán en los primeros militares homosexuales del Ejército Español que contraigan matrimonio.

Evidentemente, su enlace no incrementará de forma significativa el número de uniones homosexuales que se han celebrado en nuestro país, pero sí tiene un significado especial. Desde que se aprobó la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, el 3 de julio de 2005, se han casado 1.275 parejas homosexuales, lo que representa el 0,6 por ciento del total de enlaces registrados en España durante el año pasado (209.125).
Problemas en la base
El alcade de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, será el encargado de oficiar en el ayuntamiento la boda, a la que también acudirá su compañero de partido Pedro Zerolo, secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG del PSOE. Según cuenta uno de los prometidos, Zerolo les ha asesorado durante los últimos meses.

Los novios -uno sevillano y otro madrileño- saben que su enlace levantará todo tipo de comentarios. De hecho, ya han empezado a escuchar algunos. «Militares de la vieja escuela se echen las manos a la cabeza», según ha declarado uno de los futuros contrayentes a Europa Press. «Sabemos que estamos en el Ejército y que es complicado. No soy jardinero sino militar, y sé que habrá superiores que me harán la vida imposible».
Dentro de la base en la que trabajan existe divergencia de opiniones entre sus compañeros. Cuarenta de ellos acudirán a la ceremonia, pero otros muchos miran con malos ojos la decisión. Amenazas y comentarios «casi homófobos» no son raros -según comentó Alberto- por parte de muchos de los que viven con ellos, incluidos algunos de sus superiores. «A nadie le importa con quién me case -defendió el sevillano-, yo voy todos los días a trabajar y cumplo con mi profesión».
Los dos hombres se conocieron una noche en Madrid y, después de pasar por distintos destinos, consiguieron trabajar «puerta con puerta» en las instalaciones militares de la base de Morón de la Frontera. Alberto reconoce el interés que su enlace ha provocado en revistas y programas de televisión, «incluso con generosas ofertas económicas», para anunciar la boda, pero dejó claro que tanto él como su pareja rechazan hacer negocio de la ceremonia por respeto a sus familias.
Los futuros contrayentes no vestirán el traje militar el día de su boda, ni comprarán otro de gran gala del Ejército del Aire. «Me advirtieron de que tuviera cuidado si me casaba vestido de militar -asegura Alberto-, pero no sé por qué; si vengo de una familia de origen militar que se casó de militar, ¿por qué no yo?». Pedro Zerolo se ofreció para hablar con el Ministerio de Defensa sobre el problema del atuendo, pero finalmente la pareja optó, por estética, por descartar los uniformes.

abc