EN ESPAÑA HAY MÁS DE 2.000 PERSONAS

Más allá del simple hecho quirúrgico es necesario controlar a los transexuales para evitar la automedicación, los efectos adversos generados por una sobredosificación hormonal o la automutilación de pene

“En España hay entre 2.000 y 3.000 personas con trastornos de identidad de género o transexuales. Según los estudios realizados por la Cátedra de Transexualidad de Holanda, una de cada 30.400 mujeres y uno de cada 11.900 hombres es transexual. De ahí que las estimaciones epidemiológicas realizadas en nuestro país deban considerarse como muy conservadoras”, afirma el doctor Antonio Becerra, coordinador del Grupo de Trabajo sobre Sexualidad y Reproducción de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

“Por otra parte -añade- estimamos una incidencia anual para España de 61 personas que podrían demandar asistencia y seguir el proceso diagnóstico y terapéutico para realizar la intervención de reasignación de sexo”. Sin embargo, este proceso sólo está incluido en las prestaciones sanitarias de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Extremadura ha decidido derivar a Andalucía las demandas de cambio de sexo y el parlamento de Aragón ha instado al Gobierno español a aprobar la prestación advirtiendo que en caso contrario la aprobará esta Comunidad.

En 2003, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Barcelona obligó al Sistema Catalán de Salud a pagar la intervención de reasignación de sexo a un transexual. A ella le han seguido otras. Todas ellas inciden en la necesidad de incluir esta prestación sanitaria en el Sistema Nacional de Salud.

“Ante esta posibilidad”, señala el doctor Juan Soler, presidente de la SEEN, “los endocrinólogos españoles deben estar preparados para atender adecuadamente a los más de 60 transexuales que cada año podrían solicitar la intervención de reasignación de sexo. La Guía Clínica para el diagnóstico y tratamiento de estos trastornos, editada por el Grupo de Trabajo de Transexualidad de la SEEN cumple precisamente este objetivo y establece los criterios de actuación necesarios. No obstante, los trastornos de identidad de género, requieren un abordaje multidisciplinar, en el que deben participar psicólogos, trabajadores sociales, cirujanos plásticos, urólogos, endocrinólogos y ginecólogos; pues se trata de un proceso muy complejo que puede durar entre dos y cuatro años. No bastará, por tanto, aprobar la reasignación de sexo en el catálogo de prestaciones sanitarias, sino que será necesario crear en los hospitales unidades multidisciplinarias del tipo del que existe en el Complejo Hospitalario Carlos Haya de Málaga”.

“Desde el punto de vista científico, no existen dudas en cuanto a los beneficios y conveniencia de un tratamiento controlado a corto y largo plazo”, concluye el presidente de la SEEN, “Además, se mejora la calidad de vida de las personas reasignadas, su grado de satisfacción personal y su integración social y laboral”.

Desde la perspectiva presupuestaria parece que los obstáculos tampoco son tan significativos, a tenor de las declaraciones realizadas recientemente por la nueva Ministra de Sanidad y Consumo, Elena Salgado, a un periódico nacional: “No me parece que sea un componente de gasto importante. No lo ha sido en Andalucía y seguramente no lo será en otros sitios. Las Comunidades Autónomas deben decidir si se incorpora al sistema de prestaciones”. De hecho, el PSOE se comprometió en su programa electoral a incluir en el primer periodo de esta legislatura el tratamiento integral de reasignación de sexo en las prestaciones del Sistema Nacional de Salud Pública. De ser así, esta prestación debería ser de obligado cumplimiento en todas las Comunidades Autónomas.

Transexuales desde la infancia
“Aunque los criterios diagnósticos para establecer si una persona es o no transexual establecen un periodo mínimo de dos años de disturbio continuo en relación a su identidad sexual”, explica el doctor Becerra, “lo cierto es que prácticamente todos ellos rechazan sus caracteres sexuales desde la infancia. Hay diversas teorías sobre los orígenes de la transexualidad, pero la más aceptada en la actualidad es que este problema de identidad de género se produce desde la etapa fetal. Una alteración hace que el cerebro se impregne hormonalmente con una identidad sexual distinta a la genital”.

La transexualidad es un problema que desde hace años está presente en los medios de información, aunque, como señala el coordinador del Grupo de Trabajo sobre Trastornos de Identidad de Género, la imagen que se ofrece de los transexuales no se ajusta a la realidad. “Ser transexual -dice- no es implantarse silicona para llamar la atención. Un transexual no es un travestido, ya que éste acepta su biología y no reniega de su propio sexo. El transexual es transgenérico. Son mujeres que se sienten atrapadas en cuerpos de hombre y hombres que se sienten atrapados en cuerpos de mujer. Hay transexuales en todas las clases sociales, de mayor y menor nivel cultural, en todos los países y de todas las razas y religiones. Y no se trata de casos aislados, aunque sean poco frecuentes”.

“La transexualidad”, explica Juana Ramos, presidenta de la Asociación Española de Transexuales Transexualia y secretaria de la Federación Española de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, “es la condición que padece una persona que habiendo nacido con un sexo biológico determinado posee la identidad de género del sexo contrario, identidad que le mueve a realizar todo tipo de cambios a su alcance para adecuar su morfología corporal al sexo psicológico que presenta. Este sentimiento es experimentado habitualmente desde muy temprana edad y condiciona absolutamente la vida de cada individuo, impidiendo el normal desenvolvimiento en todo tipo de situaciones hasta que se consigue el cambio corporal que se necesita”.

Del trauma a la automedicación
La experiencia de la transexualidad puede ser traumática para quien la sufre y, de hecho, muchas de estas personas caen en situaciones de marginalidad y prostitución. “El transexual”, explica el doctor Becerra, “rechaza sus caracteres sexuales durante toda su vida. El sexo está en la mente y el discurso del placer no es el discurso de un determinado órgano sexual. De ahí, que la incomprensión y el rechazo, no solo social sino muchas veces incluso familiar, les lleve a situaciones de marginalidad”.

“Los transexuales -advierte- llegan a sentir tal rechazo por sus atributos sexuales, que desean librarse lo antes posible de sus propios genitales, dándose incluso casos de mutilaciones de pene. También es frecuente la automedicación. La mayoría de ellos han aprendido a tratarse hormonalmente con otros transexuales. Caen fácilmente en la sobredosificación, multiplicando por 10 ó por 100 la dosis indicada, pues creen que la velocidad del cambio físico aumenta proporcionalmente a la dosis utilizada. Sin embargo, no es así, pues a partir de una determinada dosis se puede producir un efecto paradójico”.

La automedicación, por otra parte, conlleva claros riesgos para la salud. Si las hormonas utilizadas son los estrógenos, la posibilidad de un tromboembolismo es elevada con esas dosis de tratamiento. También pueden aparecer varices e hiperprolactinemia, sufrir un desarrollo incontrolado de las mamas e incluso, aunque éste es un tema todavía en debate, incrementar el riesgo de sufrir un cáncer de mama. El consumo de tabaco y alcohol incrementan también el nivel de riesgo. En el caso de los andrógenos, la hormona que toman las mujeres que se identifican como varones, el principal riesgo es el de sufrir alteraciones hepáticas. Por último, conviene tener en cuenta que existen claras contraindicaciones para el tratamiento hormonal, como es la existencia de una cardiopatía grave previa, una hepatitis, padecer de hipertrigliceridemia, u otras. En cualquier caso, este tipo de tratamiento requiere un control médico a largo plazo.

“Con el tratamiento hormonal”, explica el doctor Becerra, “los transexuales cambian radicalmente su actitud ante la vida y, como ellos dicen, viven su segunda pubertad. El problema es que necesitan un tratamiento integral que en la actualidad, salvo en el caso de Andalucía, tienen que buscar como pueden fuera de la sanidad pública”.

Un largo proceso
En la actualidad la Comunidad Autónoma de Andalucía es la única que ha incluido (1999) la reasignación quirúrgica de sexo en el catálogo de prestaciones sanitarias con carácter gratuito y sólo se realiza en el Hospital Carlos Haya de Málaga. También Extremadura la ha incluido, pero ha decidido derivar al centro malagueño a quienes solicitan la intervención.

Es así que, si el proceso de reasignación sexual es ya de por sí largo -entre dos y cuatro años-, la importante lista de espera que se registra en la única unidad asistencial de la sanidad pública en todo el territorio español, actualmente entre los tres y cuatro años, condicionan las aspiraciones de aquellas personas cuya sexualidad biológica no se corresponde con su identidad sexual.

Las trabas administrativas se convierten así en una de las más importantes restricciones para que cualquier transexual español pueda acceder al tratamiento de reasignación de sexo. La primera de estas restricciones la determina el hecho de que la Comunidad Autónoma de Andalucía –ahora también Extremadura- es la única que tiene reconocida esta prestación sanitaria. Las condiciones para acceder a ella son dos: estar empadronado en esta Comunidad o ser derivado oficialmente por otra.

Gran parte de los pacientes que llegan a la Unidad del hospital Carlos Haya de Málaga procedentes de otras Comunidades Autónomas, lo hacen sin el documento oficial en el que la Comunidad de origen determina que la intervención debe hacerse fuera de su territorio, entre otras razones porque no reconocen esta prestación. “Sería deseable, por tanto”, afirma el doctor Soler, “que al menos el resto de Comunidades Autónomas, independientemente de que reconozcan o no la prestación del tratamiento de los trastornos de la identidad sexual, establecieran criterios de derivación pactados con el Gobierno andaluz, pues son numerosos los expedientes que por estar incompletos se quedan a mitad de camino de los trámites administrativos”.

Reclamaciones de los transexuales
Ante esta situación, las principales asociaciones de transexuales vienen reclamando a las diferentes Comunidades Autónomas y al propio Gobierno español, la inclusión en la Sanidad Pública de todas las necesidades específicas del colectivo transexual: psicológicas, tratamientos hormonales, intervenciones quirúrgicas, así como el seguimiento y control médico posteriores.

Pero los problemas de los transexuales no acaban cuando consiguen la reasignación de sexo. “También es necesario”, explica Juana Ramos, que la Administración Pública establezca las medidas necesarias para erradicar la exclusión social de nuestro colectivo (campañas de información-sensibilización, leyes antidiscriminatorias, etc…), y para que asegure la adecuada formación de los profesionales relacionados mediante la creación de Unidades de Identidad de Género con equipos multidisciplinares (asistentes sociales, psicólogos, endocrinos, ginecólogos, urólogos, cirujanos plásticos, juristas, enfermer@s, etc…) de cara a garantizar la atención a las personas transexuales en las mejores condiciones. Reivindicamos también nuestro derecho al cambio automático del nombre en el Registro Civil, una vez que haya comenzado el tratamiento de reasignación de sexo, así como la desaparición de toda mención de sexo en los documentos oficiales (DNI, etc…) por considerar su carácter innecesario y que en todo caso habitualmente supone una información que perjudica a nuestro colectivo contribuyendo a la perpetuación de nuestra exclusión social, especialmente durante las primeras etapas del proceso de reasignación sexual”.

Para más información: Gabinete de Prensa de la SEEN
Luis Medina. Te.: 619 29 19 66